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LO SOÑADO Y LO VIVIDO (III Y FINAL)

  1. A partir de lo re-vivido en los puntos anteriores me resulta imposible seguir con detalle sin convertir esto en algo aún más indigesto. Así es que me voy a permitir sin­tetizar -insis­to en la subjetividad de todo el escrito- unos cuantos aspectos que he vivido como más in­tensos, en lo positivo y en lo negativo, centrándome en lo que nos ha marcado y condicio­nado y en lo que tiene más potencialidad explicativa sobre nuestros logros y nuestros fra­casos:
  2. El albergue y su proceso

Al principio del principio el Cala fue concebido como un centro abierto y asequible a per­sonas y colectivos “alternativos”, sin precisar ni restringir mucho el sentido de este tér­mino. No sé si es un secreto que, en un primer momento CALA significaba “Centro Alter­nativo de Aprendizaje”, mientras ahora, “Colectivo Alternativo de Aprendizajes”. Cuando llegó el albergue, y se puso en funcionamiento, ya habíamos puesto en marcha otros pro­cesos más viajeros. Además, el atractivo y el uso del albergue fue inferior a nuestros sue­ños y a nuestras necesidades. Fue un proceso natural el que hubiera dos escenarios para nuestro trabajo (que se convirtieron con el tiempo en dos asociaciones diferentes de un colectivo único), lo que se podía hacer en el albergue y lo que había que hacer fuera del albergue. Lo de Mahoma y la montaña. También hay, en paralelo, otro proceso de amplia­ción de los contenidos que abordábamos en nuestros talleres, que iba al compás de las demandas y de nuestras capacidades y elecciones, y que desarrollaba nuestra idea inicial de valores alternativos como un todo confluyente.

En toda la historia (tal como la recuerdo) del albergue hay varias líneas esenciales:

  • Ponerlo en condiciones. Hacer de él un elemento formativo en sí mismo (coherente a nuestros valores y adaptado al modelo de aprendizajes por el que optamos) y acondicionarlo para poder garantizar unos estándares básicos de bien-estar. No se trata sólo de iniciativas para mejorar, sino de solucionar problemas continuos con frecuencia inesperados e inexplicables. A veces las sorpresas desagradables eran tantas y tan continuas que podíamos llegar a pensar que el albergue era más una maldición que una bendición. Eso no nos hizo renunciar a lo que considerábamos que seguía (y sigue) siendo una pieza fundamental de nuestro proyecto. Y una suerte.
  • Conseguir una cierta estabilidad de la cesión, que permitiera un enfoque a largo plazo. Esto guarda relación también con el punto anterior: eran tan numerosas e importantes las necesidades de adecuación del aula de naturaleza que no podían abordarse en una perspectiva a corto plazo.
  • Llenarlo de contenido. Organizar actividades o ampararlas, de modo que tuviera una ocupación significativa. Fuimos teniendo unos resultados relativamente buenos en las actividades para las instituciones educativas de todo tipo y unos resultados relativamente pobres para las actividades abiertas dirigidas a personas y colectivos “afines”. No obstante, en lo que es hoy Tierra reVerde, se han organizado bastan­tes, interesantes y con numerosa asistencia, actividades para muy diversos colecti­vos.
  1. Las crisis y la sostenibilidad del proyecto

El asentamiento paulatino en Tierra reVerde no significó, ni mucho menos, el fin de nues­tros problemas de sostenibilidad. De hecho, creo que puede afirmarse que el albergue ha sido más bien una actividad relativamente deficitaria. La sostenibilidad económica ha veni­do más de las actividades realizadas fuera de él. Nos hemos planteado en ocasiones, aunque no del todo en serio, abandonar el proyecto del albergue, pero, de momento, he­mos optado por mantener la esperanza de tiempos mejores.

La sostenibilidad económica es crucial, básica… -si no hay sostenibilidad económica el proyecto muere incluso a pesar de la demostrada capacidad de sacrificio- pero más im­portancia tiene, si cabe, la sostenibilidad humana. La sostenibilidad económica ha des­cansado casi exclusivamente sobre el trabajo del equipo -con pequeñas y, tal vez, decre­cientes aportaciones del resto del colectivo-. Eso ha traído consigo en bastantes ocasio­nes una sobrecarga de trabajo, de tensión e, incluso, de hartazgo por parte del equipo -en conjunto y, sobre todo, de personas concretas en momentos concretos.

Es como si a periodos de trabajo “normal” siguieran frecuentemente fases de trabajo ex­traordinario. Y una gran parte de este trabajo “quemante” no tiene que ver tanto, que tam­bién, con lo educativo -y menos con lo educativo directo- sino con gestión y burocracia.

Así, la actividad de Cala ha sido una sucesión de crisis, algunas graves, que en muchos casos han sido inducidas por la relativa dependencia, directa e indirecta, de la subvención pública y por los recortes y vaivenes de ésta.

Vivimos nuestra actividad como un servicio público, sin el más mínimo afán de lucro y con retribuciones muy muy moderadas. Espero que no suene a pasión. pero considero que el Cala ha devuelto a la sociedad con creces la financiación que ha recibido.

  1. La complejidad creciente (Eva/Calicanto, Equipo/Colectivo…) y los esfuerzos por mejorar la organización y la planificación

Hemos sido -y somos- muy exigentes en la concepción del colectivo (igualitario y horizon­tal, sin jerarquías, con un poder colectivo, autoformante, aspirando a incrementar lo gru­pal, atendiendo al cuidado y apoyo mutuos…). Creo que hemos conseguido mucho. A ve­ces pienso que ha sido nuestro principal logro, pero de ninguna manera puede pensarse como un proceso fácil, sin conflictos, sin desviaciones, sin correcciones (unas y otras, ge­neralmente, pequeñas y continuas). Esta tensión entre nuestras aspiraciones y nuestras realidades es de lo mejor que tenemos. Es la constatación de que seguimos vivas y de que somos flexibles.

Creo que la realidad nos obligó a hacer un gran esfuerzo por mejorar nuestra organiza­ción y nuestra planificación. El debate y la redacción de nuestro primer plan estratégico podría ser un buen ejemplo de nuestras dificultades, pero también de nuestro empeño.

  1. Los “grandes” proyectos

No me gustaría terminar este “breve” resumen sin hacer, al menos, una mención a nues­tros proyectos “estelares”. No voy a hacer una enumeración exhaustiva -porque seguro que se me escapa alguno. Así que yo pueda enumerar, a bote pronto: Mudalmundo, Obje­tiva, los Encuentros de Buenas Prácticas, especialmente el II, organizado por nosotras, aquí en Alburquerque, para gente de todo el estado, con un modelo integral innovador… Brújula del Sur, las actividades internacionales en colaboración con otros colectivos ale­manes, italianos, húngaros, portugueses, franceses… y dentro de ellos los más recientes orientados a la utilización transformadora de los murales (y del arte, en general), nuestras sucesivas publicaciones, algunas de las cuales han resultado especialmente útiles para otras personas y colectivos…

  1. La (auto)formación

Personalmente considero que ha sido uno de nuestros objetivos menos alcanzados. No quiere decir que no se hayan hecho muchas cosas. Ahora mismo me vienen a la memoria bastantes y muy interesantes. Lo que no hemos conseguido, creo, es una estructura esta­ble y continuada de autoformación, con lo que ésta ha sido en gran medida más una cuestión individual que colectiva.

 

Se me agota el espacio previsto. Y no he dicho nada de nuestro trabajo en redes, por ejemplo: la RETAL, nuestra propia red de afinidad, donde hay tanta coincidencia y tanto afecto, la CONGDEX, en la que hemos encontrado una gran acogida a nuestras iniciati­vas y muchas relaciones hermosas, la REAS, con todas sus dificultades en Extremadura, etc. etc.

No somos más que una pequeña pieza de una informal -e inexistente- confederación de confederaciones cuyas bases ya están, pero cuya concreción se retarda. A pesar de su necesidad y de su urgencia en la lucha contra la barbarie y por la fraternidad. Seguimos comprometidos y, a pesar de las oscuras previsiones en lo inmediato, esperanzados en que seremos capaces de resistir y, sobre todo, de crear un mundo nuevo.

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