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Un taller de buenas emociones

HA SIDO UN TALLER ESPECIALMENTE GRATO Y ÚTIL
El taller “Cómo aprender de/con nuestras emociones” que se celebró el pasado mes de marzo se llevó a cabo en un ambiente magnífico y con un alto grado de satisfacción por parte de las participantes.
Con mucha frecuencia en los talleres se genera un buen clima. Suele haber muchas cosas en común entrelxs participantes y, además, tanto el lugar, como la convivencia intensa, como las propias dinámicas, lo propician. Hay talleres en los que la combinación de todos estos elementos es especialmente positiva y en un fin de semana se crea un ambiente de aprecio y de confianza muy alto. Esto es lo que ha sucedido en este taller.
Al tratarse de educación emocional se cuidó especialmente el clima, porque se pretendía, entre otras cosas,facilitar una comunicación que podía haber resultado difícil. Y, además, por razones que escapan a cualquier planificación, se dio desde el primer momento una especial sintonía entre todas. Eso hizo que el taller fluyera.
Vamos, por otra parte, aprendiendo a salvar dos de los obstáculos más importantes de nuestra práctica como facilitadoras de talleres:
– ajustar nuestros contenidos ideales a la realidad, al tiempo del que disponemos, al ritmo del grupo, a sus potencialidades… y a nuestras propias capacidades y destrezas, por una parte, – y no renunciar en lo más mínimo a una metodología activa, participativa, grupal y vivencial, en la que se construye y cuida el grupo, en la que se combina el trabajo personal con el trabajo en pequeño grupo y en gran grupo, en la que se mezclan las dinámicas más divertidas o interesantes, con las más exigentes y en las que las aportaciones teóricas tienen un lugar adecuado y limitado… por otra.
Esto sólo puede hacerse si diseñamos los talleres con suficiente margen y posibilidades de ajuste y si, al mismo tiempo, no vamos evaluando continuamente (la pareja formadora) la marcha del taller y el estado del grupo para ir introduciendo pequeños reajustes en la planificación inicial. En alguna medida todo esto se ha conseguido en el taller, con las naturales limitaciones y errores, y hemos funcionado muy “cooperativamente”
como pareja formadora.
Es necesario señalar, sin embargo, que los niveles de conocimiento y trabajo previo sobre el tema, así como el nivel de formación general, eran bastante diversos. Eso, que es, por otra parte, lo normal en un taller abierto, dificulta el ajuste al nivel de la aportación teórica que el grupo requiere. En las evaluaciones de las participantes hay, al mismo tiempo, referencias a la dificultad de los contenidos teóricos y a la apetencia de más
contenidos teóricos. En estos casos, el trabajo posible es doble, por un lado, utilizar ejemplos claros y cercanos -seguramente deberíamos haber preparado y utilizado muchos más- y por otra abrir posibilidades de ampliación teórica. Aparte de algunas conversaciones informales fuera de horario, lo único que hemos hecho en este sentido ha sido dar y mostrar (llevándola físicamente) alguna bibliografía. Mandamos algunas cosas teóricas previamente para que pudieran irse familiarizando con el tema, pero tal vez podría preverse, si hubiera
demanda, una exposición teórica más extensa fuera de horario. Esto, de todas formas, es muy difícil de llevar a la práctica, porque el taller es intenso y las horas libres se necesitan realmente.

Creemos, finalmente, que fue un acierto centrar buena parte de las dinámicas vivenciales en emociones y sentimientos positivos, combatiendo la tendencia a primar lo que causa dolor y malestar. Con eso, pensamos,se consiguió desterrar la idea errónea de que las emociones son sobre todo fuente de sufrimientos y, por otra parte, se contribuyó a la construcción de ese ambiente grupal tan especial que, creemos, ha sido una de las notas más destacadas del taller.

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