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¿POR QUÉ HACEMOS EL MACHITEST?

Las situaciones recogidas en el Machitest han sido aportadas por muchas personas en nuestras redes sociales y muchas más que, prometemos,servirán para próximas ediciones.

Estos casos podrían corresponder a lo que en ocasiones, y creemos que, tal vez, confusamente, se ha podido nombrar como micromachismos… Y nos explicamos.

El término micromachismo tiene casi 30 años y nació, según palabras de su autor, para poner de manifiesto comportamientos invisibles de violencia y dominación, sobre todo en el ámbito de la pareja… Luego se ha ido extendiendo hacia otros ámbitos y cada vez se ha diluido más. No negamos que cuando nació el término tuviera su utilidad y se entendiera en su contexto, pero ahora creemos que deberíamos revisar su sentido, por dos motivos básicos:

Primero, porque con la utilización del término micro parece quitarle importancia a lo que sufren las mujeres diariamente, “cosas de pequeña importancia”, “tonterías”, “no hay que exagerar”…

Segundo, porque nos coloca a los hombres en una posición que nos exime de responsabilidad “son cositas que tenemos ahí”, “no ha sido para tanto”, “lo hago sin pensar”, “no lo volveré a hacer”, “tampoco te enfades por eso, que no soy ningún maltratador”… Nos divide entre los machistas machistas (que se reduce prácticamente a los que cumplen condena por violencia machista) y el resto que somos nosotros, los “micro”, creando una falsa sensación de “estamos salvados”.

No se puede ser micromachista, como no se puede ser microacosador; el micromachismo no es otra cosa, sino machismo… y cuanto antes seamos conscientes, antes iniciaremos el camino para cambiarnos. Lo cual tampoco excluye que haya niveles de machismo, al igual que haya niveles de violencia.

Porque cuando a dos, o a más de una decena de mujeres le decimos “¿estáis solas?” es machismo, estamos despreciando la sororidad, no pensar que las mujeres pueden tener la “insólita” idea de no “necesitar hombres” (ya sea para divertirse, ya sea para cargar una mesa).

Porque comentarios como “en mi casa la que manda es mi mujer”, no es un reconocimiento de la igualdad ya lograda, sino de un alegato al abandono de responsabilidades y a la inmadurez emocional que justifica nuestra vida pública y liberarnos de las “cargas hogareñas”, pero además, en el papel de supuestas víctimas… “es que no me deja hacer nada”, apostillamos con cara apenada.

Porque el humor machista (igual que el homófobo, o el racista), no es humor es una burla a la mujer por el hecho de serlo, fomenta estereotipos y sigue perpetuando desigualdad, y no, no vale con decir “es una broma, es un simple chiste, ¡qué poco sentido del humor!” No, no se trata de sentido del humor es una cuestión de valores, de respeto.

Porque las cosas no son así por nuestros caracteres, nuestra personalidad, sin atender a qué hemos aprendido como hombres y como mujeres, educados como tal, es naif, decir, “yo no creo que se trate de machismo, eso depende de cada persona”, “no hay machismo, sino personas machistas” o “eso no tiene nada que ver con ser hombre o ser mujer, a mí hermano/a y a mí nos criaron igual” y como colofón “es que al final las mujeres son más machistas que los hombres y además son las que consienten a los hijos machistas”… Estas frases que llegan hasta nuestros oídos y que podemos repetir mecánicamente cuando llega el momento oportuno, siguen escondiendo las relaciones de poder que establece el patriarcado. No reconocer nuestros privilegios, es el mayor de los privilegios que tenemos…

Porque también, no abordar nuestros sentimientos, no tener conversaciones íntimas con otros hombres, no decir “tengo miedo”, “no puedo con esto”, “yo te cuido papá”… También son consignas del patriarcado que no nos hace más fuertes, sino más débiles.

 

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