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QUEREMOS PASEAR POR EL CAMPO (RURALIDAD EN TIEMPOS DEL VIRUS)

¿Tiene que servir una misma medida para todos los territorios? Esta es la pregunta que admite muchos tipos de respuestas, desde el blanco al negro, pasando por todos los grises.

Pero antes de contestar, al menos, invito a pensar si nuestra respuesta se está haciendo desde el “urbanocentrismo” que muchas veces tenemos impregnados y que también se destila a la hora de legislar cualquier aspecto de la vida, o a la hora de que los medios de comunicación presentan las zonas rurales. De hecho, al Blanco, Burgues, Adulto, Varón, Heteronormativo se le debería añadir también la U de Urbano (BBVAHU).

Momentos después del decreto del estado de alarma, me leí los extractos que ponían los medios de comunicación que hacían referencia al mantenimiento por el bien común de tiendas como tintorerías o para animales de compañía, además de muchas informaciones de si se podía sacar al perro y cuanto tiempo, pero contrastaba con la ausencia de referencias a alimentos de animales de granja o la posibilidad de desplazarse de aquellas personas que tienen un “campo” para dar de comer, por ejemplo, a sus gallinas… (no es que en los pueblos no haya animales de compañía, que los hay, pero también hay otros animales sin que esto suponga trabajar necesariamente en la ganadería) o prefieren coger una lechuga de su huerta antes que ir al supermercado (con la “curiosidad” de que lo primero te lo pueden impedir y lo segundo está autorizado).

Ciertamente, puede estar “tolerado” ir a dar de comer a los animales o cuidar la huerta si esta no es tu principal actividad económica, pero con muchos matices, sin ir más lejos, me contaban hace unos días que un señor mayor que se dirigía a su huerta a regar, le dijeron que se volviera porque dentro de dos días llovería.

El agricultor que nos nutre de verduras semanales, de su huerta en el pueblo vecino, ha tenido que dejar de hacerlo porque tiene miedo a posibles multas si las reparte a domicilio; los mercadillos se han prohibido, así que para alimentarte, ya no puedes ir a sacar una lechuga de tu huerto, sin miedo, y no puedes pedir a tu agricultor de confianza que te proporcione verduras ecológicas, ahora hay que ir al supermercado, sitio donde, resulta que las posibilidades de contagio crecen exponencialmente.

Estos son ejemplos de lo que llamamos “urbanocentrismo” y es como bien define la palabra “mirar todo con ojos de ciudad”. Por cierto, esa misma ciudad de la que bastante gente ha huido cuando ha venido una crisis como ésta, buscando el refugio fuera. Paradojas de la vida.

Y aquí se da otro fenómeno, ¿es xenofobia o no es xenofobia no querer que venga gente de la ciudad a ocupar sus segundas residencias o a sus pueblos de origen? Pues bien, quitando los casos extremos que ya se encargan de magnificar los medios, aunque sean insignificantes en número, como la quema de neumáticos en Tarifa, hay que escuchar, por una vez, a las habitantes del medio rural, sí, esas que casi nunca tienen voz, salvo para ser objetos de chascarrillos (“ahí está la viralización de estos días de la señora que dicen que la han “fuñigado”), expresiones “exóticas” y alguna que otra idealización (algún día hablaré del tono infantil que usan los/as periodistas en los magazines televisivos cuando entrevistan a alguna persona mayor de un pueblo).

¿Es insolidario por parte de las paisanas y los paisanos, por ejemplo, no querer que vayan desde Madrid a los pueblos de la sierra? (quitando los actos violentos, volviendo a insistir). Pues mira, hay pueblos que se han duplicado con la llegada de personas, casi como en verano (esto provoca más inseguridad); si el centro de salud no se ha cerrado, el personal que tiene es para la población habitual (esto provoca más inseguridad); hay mucha población envejecida (esto provoca más inseguridad); la tienda de alimentación tiene abastecimiento para la gente que normalmente habita, etc… Pero, sin embargo, este éxodo, nos debería hacer reflexionar que el modelo desarrollista que promociona lo urbano debe revisarse.

Lo rural está constantemente desvalorizado, la RAE ya se encarga de definir pueblerino como “dicho de una persona poco refinada en sus modales o en sus gustos, o carente de amplitud de ideas o puntos de vista”. Lo rural se invisibiliza, o si existe es como algo pintoresco, bucólico, grotesco…Lo rural se descuida, no es rentable tener servicios sociales, médicos, transporte público…El sistema educativo también contribuye a esa “desruralización”, poniendo siempre como modelo lo urbano, libros de texto en donde los ejemplos son de grandes superficies en vez de mercadillos, de aviones en vez de tractores…

Pero resulta que cuando llega una crisis como ésta, la ciudad se vuelve vulnerable, mucha gente en poco espacio, muchas posibilidades de contagio, pisos pequeños…

Actualmente, la mitad de la población vive en ciudades (en 2050 será un 75%, siguiendo la progresión), pero ocupan un 2% del territorio. Esta situación es insostenible y se sabe, pero no sólo no se pone remedio, sino que se promociona, mientras se sigue hablando de la España Vaciada y no, como diría Gustavo Duch, de la España Llenada, que ese es el gran problema, y ahora con la crisis del coronavirus y sus múltiples consecuencias también se está percibiendo.

Vivo en Alburquerque, desde mi ventana veo parte de las 7.500 hectáreas de dehesa comunal repleta de caminos o callejas vecinales, de una población de algo más de 5.000 habitantes. Aquí, como en todos sitios, por solidaridad, se está cumpliendo el confinamiento, no hay ningún caso confirmado aún en la localidad, pero el “quédate en casa” está grabado a fuego desde todos sitios. Y sí, es cierto, para frenar este virus hay que adoptar una serie de medidas: no estar en contacto con otras personas que no sean las que viven bajo el mismo techo, o si es irremediable mantener las distancias de seguridad; usar guantes; lavarse las manos, etc… pero, ¿es necesario que las medidas de confinamiento sean las mismas que en Madrid, por ejemplo, uno de los focos de esta tragedia?

¿Es más seguro viajar en metro que pasear por el campo solo o con tu familia? (cuando digo solo es literalmente solo, porque hay gente que piensa en el campo y piensa en un centro de interpretación, un panel con código qr, un aparcamiento y un sendero balizado)

¿Es más seguro ir a un supermercado que ir a recoger verduras de una parcela?

Las respuestas parecen claras, pero ante ellas existen muchas objeciones: sería legislar indistintamente, entonces provocaría más éxodo de la ciudad al campo si las medidas son más flexibles, la gente no se tomaría el confinamiento con la misma seriedad y se relajarían… En fin, lo que vienen siendo objeciones que parten de la desconfianza, de quitar a las personas y a los territorios su posibilidad de organizarse, de volver a poner en el foco en la minoría que siempre la habrá (con o sin razón) que se “saltan las normas”.

Aquí, en Alburquerque, por estar empadronado/a tienes derecho a recoger bellotas o a tener un carro de leña, vas al Ayuntamiento y te marca en el plano la zona donde puedes ir y vas solo o en grupo a realizar la tarea. Es decir, si nos podemos organizar para eso, porque no nos podemos organizar para pasear, ¿días alternos?¿por inicial del apellido?¿por curso escolar quien tengamos niños/as? No sé, ideas puede haber muchas, se podrían plantear entre todas, pero no tenemos el derecho de tomarlas.

Tengo una niña y un niño pequeño, tengo una terraza, ya entro dentro del grupo de “privilegiados”, en contraposición a gente que vive en pisos pequeños, lo sé (aunque también tengo que decir que la casa es de alquiler), pero eso no me quita el derecho a poder replantear las medidas de otra forma, con una base común, respetando lo esencial que es “no juntarnos para no propagar el virus”, pero atendiendo a las peculiaridades del entorno. Yo escucho y veo pájaros, a lo lejos perros ladrar, las gallinas de la vecina, más al fondo ovejas… Y es difícil explicar a mis criaturas porque no podemos dar un paseo por una calleja (como aquí se llama) dónde no te encuentras nunca con nadie y si fuera así, tienes suficientemente tiempo para guardar las distancias de seguridad; es difícil entender cómo pueden compartir todo cuatro personas en un mismo techo, pero luego hay que salir de forma individual; es difícil entender que haya las mismas normas para una ciudad de 3 millones de habitantes que para una aldea de medio centenar en Las Hurdes… Estas cuestiones no son una locura, en otros países como Bélgica, que están en confinamiento, se anima a la población a salir a espacios al aire libre precisamente por salud. Aquí, a muchos tal vez no nos mate el coronavirus, pero tendremos otras dolencias físicas y psíquicas.

No se trata de un discurso de confrontación urbano versus rural, porque no consiste en eso, ni tiene sentido, se trata de quitarnos las gafas del “urbanocentrismo” y lo que es “bueno” para un sitio no tiene porque ser “bueno” para otro, o al menos el derecho al matiz.

Hasta entonces, seguiremos confinados, pero seguro que cada vez más por miedo a las multas que por miedo al virus… y eso sí que es señal de una sociedad enferma.

 

 

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