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Autoritarismos. Reflexiones desde el CalaTé

Seguimos con nuestras sesiones de Calaté, la anterior sobre ruralidad y la próxima sobre masculinidades. En la de este domingo estuvimos reflexionando sobre autoritarismos y cómo salir de esta (o estas) crisis, al menos como replantearlo desde el momento actual en tiempos del coronavirus.

¿Cómo lo estamos viviendo desde el plano emocional y psicológico? ¿Y en lo social? ¿Y en lo político (qué no es político)? ¿Cómo seguir confrontando la violencia, las agresiones y cómo seguir resistiendo desde las alternativas y creando esas otras maneras de hacer? ¿Cómo afrontar esta crisis ecosocial en tiempos de confinamiento y «desescalada»?

Empezamos con una pequeña introducción de nuestro compañero Ricardo en el que planteaba cómo se puede beneficiar este sistema capitalista de las medidas ante la pandemia del coronavirus. Van a venir tiempos difíciles y destructivas, de empobrecimiento de las clases más vulnerables y enriquecimientos de las élites. Pero tenemos la oportunidad de seguir creando alternativas y defendiéndonos de las agresiones. Esas islas que se pueden coordinar para convertirse en archipiélagos. Esos archipiélagos que siendo minoría podemos interpelar a la sociedad y aprovechar el momento para hacer el salto al cambio.

 

Estuvimos más de una quincena de personas debatiendo. Comenzamos con dudas. Dudas que nos sirven para guiarnos e intentar cubrir nuestras necesidades de cooperación y autogestión transformadora.

 ¿Cómo mantener esa unión entre islas en esta situación de confinamiento? ¿Cómo afrontar este autoritarismo? ¿Cómo nos comunicamos de forma segura en la actualidad? Nos vemos muy coartadas para organizarnos en la distancia, estando confinadas.

Seguimos el debate aclarando el concepto de «autoridad. Y es que hay que distinguir entre la autoridad de alguien que tiene el conocimiento (p.e. una médica que me aconseja sobre mi salud) y la autoridad como fuerzas de represión (p.e. quien me violenta por la calle por no ajustarme a «la norma»).

En estas crisis nos aferramos a la autoridad y entramos en la dinámica de mandar y obedecer. Esperamos que nos “saquen las castañas del fuego”. La sociedad tiene miedo, después de las crisis esto aumenta y elegimos a los autoritarios como Trump o Bolsonaro para que nos den seguridad. El miedo beneficia a los fascistas, neoliberales y autoritarios. Aumenta el fanatismo y la interiorización de ese discurso.

Nos cuesta ver alternativas al capitalismo. ¿Es que hay una falta de alternativas? ¿cómo podemos crear esas alternativas?

Ante esto debemos de darnos cuenta de que las personas tenemos capacidad autogestora, somos personas dignas y valiosas. La autogestión hay que practicarla y debe ser cercana. Huertos, centros sociales… todo esto se aprende haciendo. Si rechazamos nuestro sectarismo vamos a encontrar mucha gente en “nuestra línea” en mayor o menor medida.

También comentamos esa narrativa de la picaresca. «La gente con criaturas hace trampas», «se van a sus segundas residencias», etc. Esas dinámicas ya venían de antes y eso nos desestabiliza como sociedad. Esto ha actuado como mecanismo de control social. Se dimensiona lo anecdótico. Entonces pensamos que la gente es irresponsable por lo que necesitamos una policía que nos vigile y nos castigue porque por nosotras mismas no podemos. ¿Qué cala más en la gente? Y no solo existe ese control externo también el interno que se ha generado. Yo puedo aceptar las medidas pero también criticarlas. Claro que no podemos hacer una norma para las excepciones pero la gente podemos desobedecer desde nuestra necesidad y responsabilidad.

¿Podemos plantear que estas medidas se están haciendo para salvar el sistema más que a las personas? Es triste que no seamos capaces de asumir la crítica, la crítica constructiva.

En esta situación estamos viendo y sufriendo mucho odio, y no sabemos qué va a pasar con ese odio en el futuro, cómo lo vamos a gestionar como sociedad. Vemos una falta de valores que hace que asumamos con facilidad ese autoritarismo. A parte también sentimos y vemos mucho miedo a todo lo que sucede y a lo que tiene que venir. Se está generando mucho miedo el cual nos manipula.

Además visibilizamos la existencias de discursos alternativos y medios alternativos a lo hegemónico. Nos parecen muy necesarios actualmente pero ¿realmente asimilamos esos discursos? ¿Somos conscientes de integrarlos y practicarlos? Es importante unir práctica y discurso. Hagamos ese ejercicio de no ver como imposible esas alternativas o esos discursos e intentemos llevarlos a cabo e interiorizar esas miradas.

Nos preocupa cómo hacer llegar estos discursos a más gente fuera de nuestra burbuja. Todo esto que reflexionamos, a veces,  no somos capaces de trasladarlo a la gente de nuestro entorno.

Tal vez algo importante sea transmitir y difundir el hecho en sí, de la alternativa y el proceso. No nos quedemos solo en discursos. Si vemos el hecho podemos hacer propaganda de ello, para que se vean esas alternativas y posibilidades, esos referentes. Dediquemos parte de nuestra energía y estrategia comunicativa para difundir esos referentes. Cada fase tiene una estrategia y tal vez ahora no es el momento de intentar llegar a todo el mundo ni ser masa.

Se aclaró también que hace tiempo que hablamos del colapso, pero ya llegó, es el momento de actuar. Es una oportunidad, ya no es un ensayo para el futuro, es para ahora. El colapso no es algo del futuro sino que ya está aquí. Y cuando hablamos de crisis nos olvidamos que la del 2008 no ha acabado. Tampoco miramos mucho hacia el exterior y es que este virus está por todo el mundo y afecta a todas. Por ejemplo, en El Salvador se aplica la letalidad en las cárceles, es decir, que los pueden asesinar por incumplir sus reglas. Y en otros países se aplica una política de atacar con violencia a quien incumple.

 

Concluimos estas reflexiones en común con una amiga que habla desde su vivencia en una localidad con menos de mil habitantes en la provincia de Huesca. Para ella no le resultaba nuevo lo que escuchaba sobre autogestión, trabajo en red y nuevas alternativas. En su pueblo llevan muchos años muy activas con proyectos socio-culturales, creando redes con vecinas y agentes sociales de la localidad e intentando fomentar una sociedad abierta y plural. Para ella la revolución es constante, siempre va a haber injusticias y las tenemos que confrontar y darles soluciones o crear alternativas.  A veces en los más cercano encontramos trabas (por ejemplo en lo local, con el Ayto.), pero insistimos y conseguimos éxitos. En ocasiones sufrimos, nos cansamos y tiramos la toalla pero es que esto no se acaba nunca. Muchas veces te ves en el mismo punto de partida, pero al menos intentas juntarte con quienes disfrutas, avanzas y con quienes te enriqueces, siempre sin olvidarnos del conjunto de la sociedad. Las nuevas tecnologías nos pueden ayudar en estos tiempos, ella no se imaginaba participar en encuentros virtuales así. Con esto de las nuevas tecnologías y el internet nos hacen llegar lo que quieren y como quieren. Pero la mayoría tenemos dos dedos de frente.

 

Nos vemos en el próximo CalaTé, y abiertas a vuestras propuestas.

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