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¿Qué es lo normal?

El concepto “normal” es utilizado frecuentemente de manera indistinta en nuestra sociedad. A menudo vemos como comportamientos, corporalidades o situaciones son definidos o no como normal. Si buscamos la definición de normal, nos encontramos con que puede tener diferentes varas de medir, pudiendo ser considerado como tal lo que se da con más frecuencia o lo que mantiene su estado natural, siendo lo natural un constructo social que no consta de unos límites ni de una definición específicos ni universales.

Entonces, ¿nos gusta identificarnos como normales? Y si no lo somos, ¿quién lo decide, nosotras o el resto?; ¿todas nos encontramos en nuestro medio natural?; ¿cumplimos las reglas sociales de la normalidad?; ¿somos ordinarios o extraordinarias?; ¿seremos más fácilmente aceptados si somos normales?; ¿qué hacemos para romper lo normativo en favor de la diversidad?

Estas y otras preguntas son las que nos hemos ido formulando en el proyecto Objetiv@_mente contra lo normativo llevado a cabo por el Colectivo Cala y financiado por la AEXCID (Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo).

Dentro de la actitud hacia la diferencia nos encontramos con los Mass Media como portavoces de nuestra sociedad, y la publicidad como artillería más pesada, haciendo equilibrismos entre hacernos sentir diferentes, únicos, extraordinarios, pero a la vez “normales”, porque cualquier forma desviada de ese promedio o “no sale en la foto”, o sale distorsionado, ridiculizado o bajo el término “friki”. Pero si cada vez vemos más la diversidad reflejada en los medios… ¿no?

Si, pero ¿de qué manera? Con frecuencia se usa la diversidad o las identidades no normativas como forma de incentivar el consumo de productos. “Tú que eres diferente a las demás y no cumples con las normas, consume este producto”, “aunque todos seamos diferentes, todos tenemos la misma necesidad de consumir este producto”, “tú que te sientes o quieres ser más X, debes de consumir este producto”…

Pero volviendo a las identidades normativas, hagamos una prueba, pensemos en la categoría de mujer rural. Cerramos los ojos, y sin dar mucho tiempo al procesamiento cerebral, ya nos viene una mujer mayor sonriendo, haciendo rosquillas, con sus labores, sacrificada por y para la familia… ¿Es esa la realidad? ¿O es una realidad construida? ¿Y si hay otras realidades? ¿Esa realidad es positiva o negativa?… Pues, aun siendo positiva es una realidad que estereotipa, y todo estereotipo nos constriñe aunque vivamos a gusto en él, ¿dónde quedan las mujeres rurales jóvenes, lesbianas, gitanas…? ¿No existen? Y si no quieres cumplir con el mandato de “esclava” de los cuidados, ¿ya no eres mujer rural?

Por supuesto, trabajar mensajes contraestereotípicos en una sociedad bombardeada de imágenes normativas no es sencillo. Por ello, dentro de este proyecto también decidimos introducir lo que llamamos “La campaña Dian@ – (Des)Uniformadxs” contra lo normativo. Esta campaña pretendía hacernos preguntas vinculadas a los días internacionales (que hay de casi todo). En el caso de la imagen normativa de la mujer rural estaba vinculado al 15 de octubre (día internacional de la mujer rural, aunque también coincidió con el día mundial de las escritoras y estas incluso adquirieron en los grandes medios más protagonismo que aquellas).

Más allá de la poca relevancia que ha tenido en los grandes medios, incluso en una región rural como Extremadura, casi todos los mensajes, aun poniendo en valor a la mujer rural (eso sí, la adulta, la que tiene familia, la otra ni existe), no se ponía en cuestión el modelo patriarcal. Es decir, hemos conseguido visibilizar esa tarea de cuidados, pero nos hemos quedado en que esto parece ser una cuestión casi genética, ¿en dónde queda el hombre rural en esto? ¿No sabe cuidar, no le corresponde? A la vez que valorizamos ese trabajo de la mujer le seguimos cargando de responsabilidades: la de la pervivencia de los pueblos, la del rol de emprendedora, la de fijar la población, la de dar luz… ¡VAYA MOCHILA QUE LE ENDOSAMOS!

Todas estas cuestiones las vamos trabajando con diversos grupos en talleres donde vamos cuestionando lo normativo con diferentes colectivos y cuyo final termina en una pieza audiovisual (en cinco de los casos en un cortometraje y en uno de ellos en programas de radio). Por ejemplo, si hacemos referencia a la mujer rural, nuestro trabajo ha sido con la Asociación de Mujeres de Puebla de Obando.

Pero si cambiamos de gafas y nos ponemos a mirar las ciudades (el día internacional de las ciudades fue el 31 de octubre), nos volvemos a encontrar modelos ideales de ciudades o “Smart cities”, donde todo está diseñado para los vehículos y las personas tienen que ir sorteando obstáculos, donde todo está diseñado para el consumo… Pero además comienzan a aparecer ciertas expresiones como “barrios marginales” (¿o deberíamos llamarlos barrios marginados?). En esta línea hemos hecho un proceso de trabajo con la barriada del Gurugú, en colaboración con el Centro de Promoción de la Mujer, en donde hemos reivindicado su “normalidad”, que no es la normalidad que aparece en los medios y en el imaginario colectivo de violencia y drogas, por ejemplo.

Estos procesos los hemos ido repitiendo y revisando, partiendo de las experiencias y las voces de los grupos con los que hemos ido trabajando. Por ejemplo, si volvemos a la ruralidad nos encontramos con Zafra Violeta, que a menudo se encuentran con frases como “Pero las mujeres… ¿qué más queréis?”; y ellas lo acogen y deciden realizar un corto donde nos cuentan que significa ser feminista en el ámbito rural.

O con el Centro Ocupacional de Alburquerque en el cortometraje Grandes Minorías, en donde un grupo de diversidad funcional comienza el corto visionando un anuncio de hombres y mujeres que sí son realmente minoría: guapas, seductores, fuertes, etc., y lo confrontan con sus cuerpos, con sus capacidades. Pero nos preguntamos: ¿capaz para qué? Es verdad que cada vez aparecen más en los medios personas con otras capacidades, pero queremos hacer una lectura de esa aparición: ¿cómo aparecen?; ¿por qué aparecen? Tal vez, después de conseguir algo supuestamente “extraordinario” para personas así: haber terminado una carrera, haber realizado una película, haber ganado una medalla…

Y claro que son historias que merecen ser contadas, pero la gente que no tiene esa habilidad, ¿no nos interesan sus vidas, sus dificultades, sus pequeños logros, su día a día en un mundo no diseñado ni por ellos, ni para ellos? Como decía Mercedes Serrato, “la visibilización de las personas con discapacidad en los medios tiene sus riesgos ya que se buscan ejemplos de excepcionalismo para que se nos considere un igual, y a veces pasan de ser “pobrecitas” (paternalismo) a ser superheroínas por visibilizar solo a personas que han conseguido un éxito excepcional. Se distorsiona la imagen perdiendo el derecho a ser corrientes.”

El proyecto Objetiv@_mente contra lo normativo ha ido recogiendo en estos meses más preguntas que respuestas, como se puede leer; también hemos abordado la etiqueta de joven, pero además la de joven artista (con alumnado de la Escuela de Arte de Mérida) o joven dedicado a lo social (con alumnado del ciclo de animación sociocultural del Bárbara de Braganza de Badajoz). También los jóvenes son víctimas de simplificaciones, pero esto se ha dado a lo largo de la historia: ¿por qué?

Tal vez porque las narrativas las cuentan normalmente hombres adultos, blancos, de clase media y cisgénero, lo cual no solo supone contar con los privilegios que ya conocemos, sino también supone ser el “sujeto tipo”, el modelo de referencia en base a cuyas particularidades se organiza la sociedad en general, y la salud en particular. Todo lo que se sale de esta etiqueta tal vez ya no es normativo, incluso bajo esa etiqueta hay otras opciones que tampoco cumplen el perfil.

Parece que el inicio de la película Trainspotting, más de veinte años después, tampoco está tan equivocado:
Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compac disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos.  Elige el bricolaje y pregúntate quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el puto sofá a ver teleconcursos que emboban la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura.  Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para esos niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para remplazarte. Elige tu futuro. Elige la VIDA.

Quizás habría que hacer unas pequeñas modificaciones, para actualizar, pero ¿es esta la aspiración para ser «normal»? Seguimos haciéndonos preguntas y seguiremos por ahí, por eso el pasado 18 de enero en Cáceres preparamos una jornada que llamamos,  Lo normal es… Vivencias y Experiencias contra lo normativo, en donde compartimos qué estamos haciendo para romper lo normativo en diversos campos: ruralidad, diversidad funcional e identidades, todo con una perspectiva feminista y con alrededor de 70 participantes.

Y ahora te preguntamos: ¿qué es lo normal?

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