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Masculinidades en Transformación ¿Cómo aprendemos a ser hombres?

Este es el título de nuestro proyecto, ¿Cómo aprendemos a ser hombres?, y es que es una pregunta muy importante que nos deberíamos hacer todos los hombres, al menos todos los que sabemos que nuestra masculinidad nos crea muchos conflictos. En nuestra educación como hombres y mujeres nos marcan de forma muy clara cuál es nuestra posición en la sociedad, cómo debe ser nuestra expresión de género y cuáles serán nuestros roles en este sistema binarista. Entonces, cómo nos influye a nosotros mismos este papel que nos asignan, cómo nos influye en nuestras relaciones, y en general, cómo influye a la sociedad la masculinidad hegemónica.

Pues así inicia este proyecto que surgió de la necesidad de que los hombres de nuestro colectivo nos mirásemos a nosotros mismos y nos cuestionáramos nuestra masculinidad, la llamada “deconstrucción”, ya que nuestras compañeras hacía tiempo que trabajan eso de “cómo aprenden a ser mujeres”. Y con este trabajo iniciado queremos configurar una masa crítica de hombres que luchen por la igualdad, además de motivar la creación de grupos de hombres por nuestra región que trabajen las masculinidades desde una perspectiva feminista.

Hemos tenido cinco encuentros en la provincia de Badajoz en la que organizamos grupos de discusión con hombres sobre cinco temas distintos. Estuvimos en Almendralejo hablando sobre paternidades, en Villanueva de la Serena sobre amar en igualdad, en Zafra sobre crear nuevas masculinidades, en Olivenza sobre cuidados y en Badajoz terminamos con soltar el poder. Unos 37 hombres han participado en total en estos grupos de discusión, y nos dimos cuenta que no estamos muy habituados a juntarnos y hablar de masculinidades, que nos cuesta hablar entre nosotros de ciertos aspectos íntimos o sensibles, y que es difícil parcelar las masculinidades por temas, ya que solemos ir más a lo general, a los roles y estereotipos de género y cómo nos influye. Vimos también la necesidad de hablar entre hombres sobre estos temas, porque la realidad es que no creamos estos espacios ni en el bar ni con nuestro grupo de amigos, es por eso que en estos espacios hay unas ganas de contar, debatir, compartir nuestras vivencias como hombres, cómo vivimos dentro de la sociedad patriarcal, cómo nos influye y qué podemos hacer para transformar(nos) hacia una sociedad más feminista.

Una de nuestras reflexiones fue que nos faltan referentes, nos faltan varones que sean modelos de igualdad, que asuman masculinidades disidentes en las que no se infravalore las características asociadas a lo femenino y que tenga una perspectiva feminista. Nos faltan esos ejemplos, esos padres, esos amigos, esas personas en el entorno rural y esos referentes en lo público, en los medios y en lo académico. Porque mujeres referentes del feminismo hay muchas, pero hombres… Las mujeres nos llevan muchos pasos por delante en cuanto a lucha por la igualdad y conciencia feminista, mientras a los hombres nos queda bastante que andar en este camino contra el machismo.

En el ámbito rural vemos que hay mayor escasez de referentes y de espacios diversos, mayor limitación para expresar nuestra diversidad o disidencia y mayor resistencia al cambio; pero en los entornos rurales también vemos más identidad de grupo y de comunidad donde se construyen menos guetos y el pueblo puede ser un espacio seguro donde sea más difícil sufrir, por ejemplo, agresiones violentas. En lo rural, parece que estamos llamados al entendimiento, por lo que debemos de aceptarnos, o al menos tolerarnos, tal como somos.

Nos hacemos conscientes que aprendemos mucho sobre feminismo y otras masculinidades gracias a nuestro ambiente cercano, sobre todo a nuestras compañeras feministas (parejas, amigas, madres…) y que el feminismo nos empuja a cambiar, que es hora de hacer nuestra parte como hombres, de desempoderarnos y ser conscientes de nuestros privilegios para soltarlos; y decimos soltarlos porque los tenemos muy agarrados, y sin una actitud de humildad no los abandonaremos, por eso debemos de ser bastante autocríticos nos cueste más o menos. Y es que seguimos viendo muchas resistencias, a veces nos sentimos en una posición muy avanzada con respecto a otros hombres, nos sentimos muy “progres” con respecto a otros “machirulos” y parece que lo tenemos todo hecho, pero la realidad es que nos queda mucho por cambiar y debemos de salir de ese espejismo o esa burbuja en la que nos metemos.

Reconocemos la importancia de la educación para que nuestra sociedad sea más igualitaria, pero no solo en las escuelas y en los ámbitos formales, sino una educación en nuestra sociedad, más proyectos de sensibilización y de desarrollo comunitario, y convertirnos en agentes activos en esa transformación, siendo los “agentes de igualdad” en nuestras redes, nuestros grupos de colegas, con nuestros seres queridos, nuestros grupos de WhatsApp, etc., sobretodo con otros hombres de nuestro entorno.

Nos sigue faltando mayor educación emocional en los hombres, poder gestionar de una manera saludable nuestras emociones y nuestras relaciones. Nos sigue faltando valorar las características asociadas al rol femenino, asumirlas como nuestras y erradicar esas conductas homófobas que no nos permite acercarnos a esos valores tan necesarios para vivir en comunidad.

El cambio en los hombres debe de ser personal pero lo personal es político y necesitamos cada vez ser más hombres transformando nuestra masculinidad, entonces el cambio también es social. Tal vez, para unir a más hombres en la causa, debamos de vender la idea de cómo nos afecta la masculinidad hegemónica, hablar de diferentes modelos e identidades para vivir una masculinidad más sana en la que también podamos expresar nuestros sentimientos, nuestra vulnerabilidad sin sentirnos amenazados, dejar las expresiones violentas que nos afectan personal y socialmente, etc; pero también creemos que no debemos de perder el horizonte de dejar nuestros privilegios y nuestras posiciones de poder, porque desde aquí se mantiene el patriarcado y desde aquí podemos tambalearlo y destruirlo.

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